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un decreto presidencial dispone su traslado al Regimiento de Granaderos a Caballo. El sable de San Martín 03/02/2026 - El sable del Libertador, Don José de San Martín, aún reposa en el Museo Histórico Nacional, pero el reciente Decreto Presidencial 81/2026 dispone su retiro del lugar para devolverlo a la custodia del Regimiento de Granaderos a Caballo. La medida, desde todo punto de vista cuestionable, provocó la renuncia indeclinable de la directora del Museo Histórico Nacional, María Inés Rodríguez Aguilar. En declaraciones al diario Clarín, la funcionaria calificó de "original" la interpretación oficial sobre la donación de la reliquia y lamentó que esto reavive "sectarismos extremos" en la sociedad, comparando la situación con disputas históricas que datan de 1844. |
EMBLEMA DEL BARRIO
Nombre dado por Ordenanza N° 26.607, Boletín Municipal 14.288 del 04/05/1972. Límites: Av. Juan B. Alberdi, Escalada, Av. Castañares, Lacarra, Av Tte. Gral. Luis J. Dellepiane, Portela, Av. Directorio y Mariano Acosta. Población total: 54.191 Hombres: 25.484 Mujeres: 28.707 Superficie: 5,1 Km2 Densidad poblacional: 10.614 Hab/km2 (Censo del 1º de julio de 2001 ) |
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La salida de María Inés Rodríguez Aguilar de la dirección del Museo Histórico Nacional marca un nuevo capítulo en la larga disputa por el sable de San Martín. Tras la publicación del decreto presidencial que dispone el traslado del arma al Regimiento de Granaderos, Rodriguez Aguilar formalizó su renuncia criticando la "interpretación original" del Gobierno sobre el legado de la pieza. Para la ahora exdirectora, este traslado no es un hecho aislado, sino la continuación de una historia de "sectarismos" que ha dividido a la nación desde mediados del siglo XIX. Para entender por qué la renuncia de Rodríguez Aguilar es tan significativa, hay que desglosar la carga política y simbólica que ha tenido el sable corvo de San Martín. La exdirectora menciona que el conflicto es reflejo de los "sectarismos" argentinos, y tiene razón: el arma ha sido un trofeo de legitimidad política durante casi dos siglos.
San Martín, en su
testamento redactado en Francia, legó el sable a Juan Manuel de
Rosas. El texto decía: "El sable que me ha acompañado en toda la
guerra de la Independencia de la América del Sur, le será entregado
al General de la República Argentina, Don Juan Manuel de Rosas, como
una prueba de la satisfacci Tras la muerte de Rosas, el sable quedó en manos de su hijo político Máximo Terrero, cumpliendo con su voluntad testamentaria. Adolfo P. Carranza (fundador y primer director del Museo Histórico Nacional) le escribe solicitando la donación del sable a Manuelita, hija de Rosas y esposa de Terrero, quien contesta afirmativamente, señalando que su esposo había decidido donar a la Nación Argentina “ese monumento de gloria”. Poco después, el 4 de marzo de 1897, el sable pasa a formar parte del patrimonio del Museo. En 1963 el sable es robado y recuperado. En 1965 vuelve a repetirse el robo y la recuperación. Tras su recuperación definitiva el sable es puesto bajo la custodia del Regimiento de Granaderos a Caballo por razones de seguridad, alejándolo del público general durante décadas.
En el año 2015, bajo la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner, el sable fue trasladado nuevamente desde el Regimiento de Granaderos al Museo Histórico Nacional. La idea era que el sable debía estar en un espacio público donde todos los ciudadanos pudieran verlo, recuperando su carácter de patrimonio histórico nacional por encima de lo militar. Con la puesta en vigencia del Decreto 81/2026 se rompe con la visión del Museo como el "custodio definitivo de la memoria civil". El sable será puesto en un ámbito cerrado y simbólicamente ligado a una fuerza específica, lo que reabre la herida de los "sectarismos" que menciona la Directora del Museo en el texto de su renuncia.
Este sable fue
adquirido en 1811 por San Martín en Londres en una tienda de
anticuario unas semanas antes de embarcarse hacia el Río de la
Plata.
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El sable posee una hoja de acero de Damasco, de aproximadamente 100 años de antigüedad al momento de ser adquirido. Lo que caracteriza al acero de Damasco es su calidad, filo, resistencia y ligereza. La empuñadura es de madera de ébano y su vaina está recubierta en cuero y bronce. Se cree que San Martín habría sido el primero en introducir este tipo de arma en América del Sur, y según su propia declaración, el sable lo acompañaría en toda la guerra por la Independencia de América del Sud. Cuando el general San Martín deja la campaña libertadora, que continúa al mando de Simón Bolivar, regresa del Perú y debe emprender su exilio a Europa en 1824. El sable corvo queda en Mendoza al cuidado de doña Josefa Ruiz Huidobro. Recién en 1837 cuando San Martín estaba en Francia, y mientras su hija y su yerno Mariano Balcarce se encontraban de viaje por el Río de la Plata, San Martín les escribió desde París solicitando “...traigan mi sable corvo, que me ha servido en todas las campañas en América y servirá para algún nietecito si es que lo tengo”. Desde el momento en que su hija le hizo entrega del sable, San Martín lo tuvo colgado en su cuarto, como señalaron muchos de quienes lo visitaron. En su último y definitivo testamento, fechado en París el 23 de enero de 1844, San Martín dispone en su cláusula tercera que: “El sable que me ha acompañado en toda la guerra de la independencia de la América del Sud le será entregado al General de la República Argentina, Don Juan Manuel de Rosas, como una prueba de la satisfacción que como argentino he tenido, al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataron de humillarla...”. Así, Rosas lo recibió luego del 17 de agosto de 1850, fecha de fallecimiento del Libertador, mediante el envío que hace del arma Mariano Balcarce. Juan Manuel de Rosas conservó el arma como una reliquia: la depositó dentro de un cofre en cuya tapa hizo colocar una placa de bronce donde mandó grabar la famosa cláusula testamentaria. Con el exilio de Rosas en Inglaterra luego de la Batalla de Caseros, el sable lo acompañará a Southampton. Hasta que al morir Rosas en 1877, retorna a su presunto lugar de origen en Londres. Luego conforme al Art. 18ª del testamento de Rosas, el sable llegó a manos de su hijo político Máximo Terrero que vivía en la capital inglesa junto a su esposa Manuelita Rosas. Allí en su casa de Londres estuvo casi 20 años ocupando un sitio de honor, hasta que en 1896 (dos años antes que Manuelita falleciera) Adolfo P. Carranza (fundador y primer director del Museo Histórico Nacional) le escribe solicitando la donación del sable. Manuelita contestó afirmativamente, señalando que su esposo (el verdadero legatario), había decidido donar a la Nación Argentina “ese monumento de gloria para ella”, contando con su entera aprobación y la de sus hijos Manuel Máximo y Rodrigo Tomás. Poco después, el 4 de marzo de 1897, el sable pasa a formar parte del patrimonio del Museo. Fuente: Museo Histórico Nacional |
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